El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I –Yo no entiendo esto –decía el chino–. Conque tu padre batió castillos, rindió ciudades, derrotó ejércitos, en una palabra, afianzó la corona en las cabezas de sus señores, y acaso perdería la vida en alguna refriega de ésas, y tú, sólo porque fuiste hijo de aquel valiente y leal caballero, te hallaste en estado de ser conde y rico de la noche a la mañana, sin haber probado los rigores de la campaña, y sin saber qué cosa son los afanes del gabinete? A la verdad, en tu tierra deben ser los nobles más comunes que en la mía. Pero dime: estos nobles que nacen y no se hacen, ¿en qué se ejercitan en tu país? Supuesto que no sirven ni en la campaña ni en los bufetes de los príncipes, ni son útiles ni en la paz ni en la guerra, ni saben trabajar con la pluma ni con la espada, ¿qué hacen, dime? ¿En qué se entretienen?
¿En qué se ocupan? ¿Qué provecho saca de ellos el rey o la república?