El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Para no cansaros, yo pasé mi curso de lógica con la misma velocidad que pasa un rayo por la atmósfera, sin dejarnos señal de su carrera y así, después de disputar harto y seguido sobre las operaciones del entendimiento, sobre la lógica natural, artificial y utente; sobre su objeto formal y material; sobre los modos de saber; sobre si Adán perdió o no la ciencia por el pecado (cosa que no se le ha disputado al demonio); sobre si la lógica es ciencia o arte, y sobre treinta mil cosicosas de éstas, yo quedé tan lógico como sastre; pero eso sí, muy contento y satisfecho de que sería capaz de concluir con el ergo al mismo Estagirita.
Ignoraba yo que por los frutos se conoce el árbol, y que, según esto, lo mismo sería meterme a disputar en cualquier materia que dar a conocer a todo el mundo mi insuficiencia. Con todo eso, yo estaba más hueco que un calabazo, y decía a boca llena que era lógico como casi todos mis condiscípulos.