El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I –Míster, días hace que os honro con mi mesa, y días hace que observo que os descomedís en mi presencia abatiendo los efectos, y aun los ingenios de mi patria, por elogiar los de la vuestra. Yo no repruebo que nuestros países, usos, religión, gobierno y alimentos os parezcan extraños; eso es preciso, y lo mismo me sucedería en vuestro Londres. Mucho menos repruebo que alabéis vuestras leyes y costumbres y las producciones de vuestra tierra. Justo es que cada uno ame con preferencia el país en que nació, y que congeniando con sus costumbres, climas y alimentos, los prefiera a los de todo el mundo; pero no es justo que esta alabanza sea apocando la tierra en que vivís y delante del que os sienta a su mesa. Si se habla de religiones, vituperáis la mía y ensalzáis la anglicana; si de leyes, me aturdís con las cámaras; si de población, me contáis en vuestra capital un millón de hombres; si de templos, me repetís la descripción de la catedral de San Pablo y la abadía de Westminster; si de paseos, siempre os oigo alabar el Parque de San James y el Green Park...