El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I En fin, ya me tenéis la cabeza hecha un mapa de Londres. Si como os cansáis en alabar las cosas de vuestra tierra, despreciando o abatiendo las de la mía, os contentárais con referir sencillamente lo que se os preguntara y viniera al caso, dejando que la alabanza y la comparación la hicieran los oyentes, seguramente os hicierais bien quisto; pero hablar mal del pan de mi tierra, y decir que es mejor el de la vuestra, cuando éste y no aquél os alimenta, es una grosería que no me agrada, ni agradará a ninguno que os escuche. Antes a todos hostigará vuestra jactancia y os dirán que quién os llamó a su tierra, y que si no os acomoda, por qué no os mudáis con viento en popa, como yo os lo digo desde luego.
Diciendo esto, se levantó Limahotón sin acabar de comer, y sin despedirse de ninguno se retiró demasiadamente enojado.
Todos nos quedamos avergonzados, y más que nadie el español, quien explicando bien al inglés todo cuanto había dicho el asiático, añadió: