El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Si el inglés se avergonzó con la reprensión del chino, quedó más corrido con el remache del español; pero aunque era un joven atolondrado, tenía entendimiento y docilidad; y así, convencido de su error, trató con el español de que satisfacieran al japón, como se hizo en el momento, suplicándole saliera, y éste, que en realidad era caballero, se dio por satisfecho y quedamos todos tan amigos como siempre, guardándose el inglés de menospreciar nada del país en que habitaba.
Algunos días permanecimos en la ciudad muy contentos, y yo más que todos, porque me veía estimado obsequiado grandemente a merced de mi título fingido, y en mi interior me daba los plácemes de haber fraguado tal embuste, pues a la sombra de él estaba bien vestido, bien tratado y con ciertos humillos de título rico, que ya estaba por creer que era de veras. Tales eran los cariños, obsequios y respetos que me tributaban, especialmente el español y el chino, quienes estaban persuadidos de que yo les sería útil en México. Ello es que lo pasé bien en tierra y en la navegación, y esto no lo hubiera conseguido si hubieran sabido que mi título propio era el de Periquillo Sarniento; pero el mundo las más veces aprecia a los hombres no por sus títulos reales sino por los que dicen que tienen.