El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I No por esto apruebo que sea bueno el fingir, por más que sea útil al que finge; también al lenón y al droguero le son útiles sus disimulos y sus trácalas, y, sin embargo, no le son lícitas. Lo que quiero que saquéis por fruto de este cuento es que advirtáis cuán expuestos vivimos a que nos engañe un pícaro astuto pintándonos gigantes de nobleza, talento, riqueza y valimiento. Nos creemos de su persuasión o de lo que llaman labia, nos estafa si puede, nos engaña siempre, y cuando conocemos la burla es cuando no podemos remediarla. En todo caso, hijos míos, estudiad al hombre, observadlo, penetradlo en su alma; ved sus operaciones, prescindiendo de lo exterior de su vestido, títulos ni rentas, y así que halléis alguno que siempre hable verdad y no se pegue al interés como el acero al imán, fiaos de él, y decid: este hombre es de bien, éste no me engañará, ni por él se me seguirá ningún perjuicio; pero para hallar a este hombre, pedidle a Diógenes prestada su linterna.
Volviendo a mi historieta, sabed que cuando el asiático me tuvo por un noble, no se desdeñó de acompañarse conmigo en lo público; antes muchos días me sacaba a pasear a su lado, manifestándome lo hermoso de la ciudad.