El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I El primer dÃa que salà con él, arrebató mi curiosidad un hombre que en un papel estaba copiando muy despacio unos caracteres que estaban grabados en una piedra de mármol que se veÃa fijada en la esquina de la calle.
Pregunté a mi amigo qué significaba aquello, y me respondió que aquél estaba copiando una ley patria que sin duda le interesarÃa.
–Pues qué –le dije–, ¿las leyes patrias están escritas en las esquinas de las calles de tu tierra?
–Sà –me dijo–; en la ciudad están todas las leyes fijadas para que se instruyan en ellas los ciudadanos. Por eso mi hermano se admiró tanto cuando le hablaste de los abogados de tu tierra.
–Es verdad que tuvo razón –dije yo–, porque ciertamente todos debÃamos estar instruidos en las leyes que nos gobiernan para deducir nuestros derechos ante los jueces, sin necesidad de valernos de otra tercera persona que hiciera por nosotros estos oficios. Seguramente en lo general saldrÃan mejor librados los litigantes bajo este método, ya porque se defenderÃan con más cuidado, y ya porque se ahorrarÃan de un sinnúmero de gastos que impenden en