El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I “Aquí no es así; estos desgraciados que no quedan sino para solicitar el sustento pidiéndolo de puerta en puerta (únicos a quienes se les permite mendigar), son unos pregoneros de la rectitud de la justicia y unos testimonios andando del infeliz estado a que reduce al hombre la obstinación en sus crímenes.
“El ladrón ahorcado en Europa dura poco tiempo expuesto a la pública expectación, y de consiguiente dura poco el temor. Luego que se aparta de la vista del perverso aquel objeto fúnebre, se borra también la idea del castigo, y queda sin el menor retraente para continuar en sus delitos.
“En la Europa quedan aislados los escarmientos (si escarmentaran) a la ciudad donde se verifica el suplicio, y fuera de esto, los niños, cuyos débiles cerebros se impresionan mejor con lo que ven que con lo que oyen, no viendo padecer a los ladrones, sino oyendo siempre hablar de ellos con odio, lo más que consiguen es temerlos, como temerían a unos perros rabiosos; pero no conciben contra el robo todo el horror que fuera de desear.