El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I –Cuando le hablé a usted la primera ocasión –le dije–, fue creyendo que me conocía y era mi amigo, y valido de este sagrado título me atreví a implorar su favor. Ahora no le pido nada, sólo le digo que no soy un pícaro como me dijo, ni me valgo del nombre de don Pedro Sarmiento, sino que soy el mismo, y en prueba de ello acuérdese que ayer fue usted conmigo y su querida Manuelita, con los dos hermanos de ésta y una criada, a la almuercería de la Orilla, donde yo costeé el almuerzo, que fueron envueltos, guisado de gallina, adobo y pulque de tuna y de piña. Acuérdese usted que costó el almuerzo ocho pesos, y que los pagué en oro. Acuérdese que cuando me lavé las manos me quité un brillante, y aficionada de él su dama, lo alabó mucho, se lo puso en el dedo, y yo se lo regalé, por cuya generosidad me dio usted muchas gracias, ponderando mi liberalidad.