El Periquillo Sarniento. Tomo I

El Periquillo Sarniento. Tomo I

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Acuérdese que paseando los dos solos por una de aquellas galeras, me dijo que su mujer le había olido la podrida (fueron palabras de usted), que por este motivo tenía frecuentes riñas, y que usted pensaba abandonarla y llevarse a Manuelita a Querétaro, donde se le proporcionaba destino. Acuérdese que a esto le dije que no hiciera tal cosa, pues sería añadir a una injusticia un agravio; que sobrellevara a su mujer y procurara negarle todo cuanto sabía, no darle motivo de sospecha, hacerle cariño y manejarse con prudencia, pues al fin era su esposa y madre de sus hijos. En fin, acuérdese que al separarnos subí al coche a Manuelita, y ésta pisó el túnico de coco en el estribo y lo rompió. Éstas son muchas señas y muy privadas para que usted dude de mi verdad. Si mi semblante está desfigurado y mi traje no corresponde a quien soy, lo ha causado la adversidad de mi suerte y las vicisitudes de los hombres, de lo que usted no está seguro, y quizá mañana se verá en situación más deplorable, que la mía. El negar que me conoce será una vil tenacidad, después que le doy tantas señas y después que me ha oído tanto tiempo, porque aunque los semblantes se desfiguren, las voces permanecen en su tono, y es muy difícil no conocer por la voz al que se ha tratado mucho tiempo.




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