El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I AsÃ, lleno de una profunda melancolÃa y de los remordimientos interiores que devoraban mi corazón trayéndome a la memoria mil maldades, llegué un dÃa al anochecer a una venta cerca de RÃo FrÃo, donde pedà por Dios que me dieran posada. Lo conseguÃ, que al fin Dios castiga, pero no destruye a sus hijos por más que éstos le sean ingratos. Cené lo que me dieron y dormà en un pajar, y teniendo a mucha bonanza encontrar alguna cosa blanda donde acostarme, pues las noches anteriores habÃa dormido en la dura tierra.
A otro dÃa madrugué, y el ventero, sabedor de mi ruta, me dijo que fuera con cuidado, porque habÃa una cuadrilla de ladrones por aquel camino. Yo le agradecà su advertencia, pero no desistà de mi intento, seguro en que no teniendo qué me robaran, podÃa caminar tranquilamente delante de los ladrones, como nos dejó escrito Juvenal.
Empapado en mil funestos pensamientos iba yo con la cabeza cosida con el pecho y mi palo en la mano, cuando cerca de mà oà el tropel de caballos; alcé la cara y vi cuatro hombres montados y bien armados, que rodeándose de mà y teniéndome por indio, me dijeron:
–¿De dónde has salido hoy y de dónde vienes?
–Señores –les dije–, he salido de esta última venta y vengo de México para servir a ustedes.