El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Venían los tres por delante con sus escopetas en las manos; luego seguían cuatro caballos ensillados de vacío, esto es, sin jinetes; a seguida venían cuatro mulas cargadas con baúles, catres y almofreces, que se conocía lo que era de lejos, a pesar de venir cubiertas las cargas con unas mangas azules, y por fin venían de retaguardia los tres mozos.
Luego que el Aguilucho los vio, se prometió la venganza y un buen despojo, y así nos hizo ocultar tras un repecho que hacia la loma en su falda, y nos dijo:
–Ahora es tiempo, compañeros de manifestar nuestro valor y aprovechar un buen lance, porque sin duda son mercaderes que van a emplear a Veracruz y toda su carga se compondrá de reales y ropa fina. Lo que importa es no cortarse, sino acometerles con denuedo, asegurados en que la ventaja está por nosotros, pues somos cinco y ellos son sólo tres; que los mozos, gente alquilada y cobarde, no deben darnos cuidado. Tomarán correr a los primeros tiros; y así, tú, Perico, yo y el Pípilo les saldremos de frente en cuanto lleguen a buena distancia, quiero decir, a tiro de escopeta, y el Zurdo y el Chato les tomarán la retaguardia para llamarles la atención por detrás. Si se rinden de bueno a bueno, no hay más que hacer que quitarles las armas, amarrarlos y traerlos a este cerro, de donde los dejaremos ir a la noche; pero si se resisten y nos hacen fuego, no hay que dar cuartel; todos mueran.