El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I “Todo, pues, lo he perdido. No tengo más que la vida y el alma que cuidar. Es lo último que me queda, pero también lo más apreciable.
“Dios se interesa en que no me pierda eternamente. ¡Cuántas veces pude haber perdido la vida a manos de los hombres, en poder de los brutos, en medio de la mar y aun a mis propias manos! Innumerables. Hoy pudo haber sido el último de mis días. A mi lado cayó el Pípilo, a otro el Aguilucho, y las balas, unas tras otras, cruzaban crujiendo el aire junto
de mis orejas, y balas que ciertamente se dirigían a mi persona, y balas que me pasaban la muerte por los ojos.
“Como aquéllos murieron, ¿no pude yo haber muerto? Como hubo balas bien dirigidas para ellos, ¿no pudo haber alguna para mí? ¿Yo me libré de ellas por mi propia virtud y agilidad? Claro es que no. Una mano invisible y Todopoderosa fue la que las desviaba de mi cuerpo con el piadoso fin de que no me perdiera para siempre. ¿Y qué méritos tengo contraídos para haberle debido tal cuidado? ¡Oh Dios, yo me avergüenzo al acordarme que toda mi vida ha sido una cadena de crímenes no interrumpida! He corrido por la niñez y la juventud como un loco furioso, atropellando por todos los respetos más sagrados, y me hallo en la virilidad con más años y delitos que en mi pubertad y adolescencia.