El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I “Treinta y tantos años cuento de vida, y de una vida pecaminosa y relajada. Sin embargo, aún no es tarde, aún tengo tiempo para convertirme de veras y mudar de conducta. Si me entristece lo largo de mi vida relajada, consuéleme saber que el Gran Padre de familias es muy liberal y bondadoso, y tanto paga al que entra a la mañana a su viña como al que empieza a trabajar en ella por la tarde. Esto es hecho, enmendémonos.”
Diciendo esto, lleno de temor y compunción, aderecé el caballo, subí en él, y me dirigí al pueblo o venta de San Martín.
Llegué cerca de las siete de la noche, pedí de cenar y mandé que desensillaran y cuidaran de mi caballo a título de valor, pues no llevaba un real.
Después que cené, salí a tomar fresco al portalillo de la venta, donde estaba otro pasajero en la misma diligencia.
Nos saludamos cortésmente y enredamos la conversación hasta hacerse familiar, siendo el asunto principal el suceso acaecido aquel día con los ladrones. Me dijo cómo había salido de Puebla y caminaba para Calpulalpan, teniendo que hacer una corta demora en Apam.
Yo le dije que iba para este último pueblo, de donde tenía que pasar a México, y así podríamos ir acompañados, porque yo tenía mucho recelo de los ladrones.