El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I –Toda vergüenza que tengas de haberte confesado conmigo es excusada, cuando sabes que he sido peor que tú, y tan peor que fui tu maestro en la disipación. Acaso mis malos consejos coadyuvaron a disiparte, de lo que me pesa mucho; pero Dios ha querido darme el placer de ser tu director espiritual y de reemplazar con máximas de sólida moral los perversos consejos que te di algunas veces. Porque ese espíritu no se acobardara con la vergüenza, traté siempre de confesarte en lo oscuro, y tapándome la cara con el pañuelo, mas luego que logré absolverte, quise manifestarme tu amigo. Nada de cuanto me has dicho me coge de nuevo. Yo habré cometido todos los crímenes que tú; ante Dios soy delincuente, y si no me he visto en los mismos trabajos y me he sujetado un poco más temprano, ha sido por un efecto especial de su misericordia. Conque así, no estés delante de mí con vergüenza. En el confesionario soy tu padre, aquí soy tu hermano; allí hago las veces de un juez, aquí desempeño el título de amigo, que siempre he sido tuyo, y ahora con doble motivo. En vista de esto, me has de tratar aquí como aquí, y allá como allá.
Fácil es concebir que con tan suave y prudente estilo me ensanchó demasiado el espíritu, y comencé a perderle la vergüenza, mucho más cuando no permitió que le hablara de usted sino de tú, como siempre.
Entre la conversación, le dije: