El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I –¿Quiénes sois? –decía el roto–. Sois unos impíos, crueles, ladrones, ingratos, asesinos, sacrílegos, aduladores, intrigantes, avaros, mentirosos, inicuos, malvados y cuanto malo hay en el mundo. Bien os conozco, infames. Sois hombres, y no podéis dejar de ser lo que os he dicho, porque todos los hombres lo son. Sí, viles, sí, os conozco, os detesto, os abomino; apartaos de mí o matadme, porque vuestra presencia me es más fastidiosa que la muerte misma; pero id asegurados en que no estoy loco sino cuando miro a los hombres y recuerdo sus maquinaciones infernales, sus procederes malditos, sus dobleces, sus iniquidades y cuanto me han hecho padecer con todas ellas. Idos, idos.
Lejos de incomodarme con aquel infeliz, lo compadecí de corazón, conociendo que si no estaba loco, estaba próximo a serlo; y más lo compadecí cuando advertí por sus palabras que era un hombre fino, que manifestaba bastante talento, y si aborrecía al género humano, no procedía esta fatal misantropía de malicia de corazón, sino de los resentimientos que obraban en su espíritu furiosamente cuando se acordaba de los agravios que le habían hecho sufrir algunos de los muchos mortales inicuos que viven en el mundo.