El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I –Calle usted, señor don Tadeo –le dije–; no me avergüence recordando mis extravíos y elogiando mi debido proceder. Mucho menos me trate de amo, sino de amigo, de cuyo título me lisonjeo. Yo acomodé a usted en mi servicio sin saber quién era, y en el tiempo que me ha acompañado tengo harto que agradecerle. En este tiempo todas han sido felicidades para mí, siendo la última el feliz encuentro y satisfacción del caballero don Jacobo.
–No es la última felicidad que usted sabe –me dijo mi cajero–; aún resta otra que ustedes dos escucharán con gusto. Oigan esta carta que acabo de recibir. Dice así: Señor don Tadeo Mayoli.–México, 10 de octubre, etc. Mi amigo y señor: Ha fallecido su hermano de usted el señor don Damián, y debiendo recaer en usted el mayorazgo que poseía por haber muerto sin sucesor, la Real Audiencia ha declarado a usted legítimo heredero del vínculo,
por lo que, después de darle los plácemes debidos, le suplico se sirva venir cuanto antes a la capital para enterarlo del testamento de su señor hermano y ponerlo en posesión de sus intereses, en cumplimiento de la orden superior que para el efecto obra en el oficio de mi cargo.
“Aprecio esta ocasión para ofrecerme a la disposición de usted como su afectísimo amigo y atento servidor, Q.B.S.M.–Fermín Gutiérrez.