El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I “Este sujeto es el escribano ante quien se otorgó el testamento. En virtud de esta carta tengo que partir para México cuanto antes. A usted, señor don Pedro, mi amigo, mi amo y favorecedor, le doy las gracias por el bien que me ha hecho y por el buen trato que me ha dado en su casa, ofreciéndole mis cortos haberes y suplicándole no olvide, en cualquier fortuna, que soy y he de ser su amigo; y a ti, querido Jacobo, te ofrezco mis intereses con igual sinceridad, y para desenojarte de los agravios que te infirió mi padre negándote a mi hermana por ser tú pobre, pongo a tu disposición mis haberes con la mano de mi hija, si la quisieres. Es muchacha tierna, bien criada y nada fea. Si gustas, enlázate con ella, que ya que no es Isabel, es Rosalía, quiero decirte que es rama del mismo tronco.”
El misántropo, o don Jacobo, no sabía cómo agradecer a Tadeo su expresión; pero se hallaba avergonzado por ser pobre y por dudar si sería agradable a su hija, mas éste lo ensanchó diciéndole:
–No es defecto para mí la pobreza donde concurren tan nobles cualidades; aún no eres viejo y creo que mi hija te amará así que yo la informe de quién eres.
Pasados estos cariñosos coloquios, tratamos de vestir con decencia a Jacobo, y al día siguiente hizo Tadeo traer un coche y se fueron en él para México, dejándome bien triste la ausencia de tan buenos amigos.