El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Si sentí la muerte de este buen hombre, no tengo para qué ponderarlo, cuando era necesario haber sido más que bruto para no haberlo amado con justicia.
Leí el testamento que otorgó a mi favor, y al llegar a la cláusula que decía que por lo bien que lo había servido, lo satisfecho que estaba de mi honrada conducta, y por cumplir el obsequio que había ofrecido a su ahijada, que era mi esposa, me donaba todos sus bienes, etcétera, no pude menos que regar aquellos renglones con mis lágrimas nacidas de amor y gratitud.
Asistí a sus funerales, vestí luto con toda mi familia, no por ceremonia, sino por manifestar mi justo sentimiento; cumplí todos sus comunicados exactamente y habiendo entrado en posesión de la herencia, disfruté de ella con la bendición de Dios y la suya.
No por verme con algún capital propio me desconocí, como había echo otras veces, ni desconocí a mis buenos amigos. A todos los traté corno siempre y los serví en lo que pude, especialmente a aquellos que en algún tiempo me habían favorecido de cualquier modo.
Entre éstos tuvo mucho lugar en mi estimación mi amo, el chino, a quien restituí como tres mil y pico de pesos que le disipé cuando viví en su casa; pero él no los quiso admitir, antes