El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Jamás los lobos ni los leones han acostumbrado, como vosotros, ejercitar sus encono sino con otras fieras sus desiguales o diferentes en especie. Y por ventura, aun cuando riñen,
¿es su furor más ciego que el vuestro? ¿Es su rabia más acre? ¿Es su culpa tanta?
Responded. ¿Pero qué habéis de responder? Calláis; vuestras caras se cubren de una horrorosa amarillez y vuestras almas se llenan de terror convencidas por vuestro mismo crimen.”
De semejante modo se expresaba el sensible Horacio, y Lucano hace una viva descripción de los daños que ocasiona una guerra civil, en unos versos que os traduciré libremente al castellano. Dice, pues, que en las conmociones populares
Perece la nobleza con la plebe
y anda de aquí acullá la cruel espada;
ningún pecho se libra de sus filos.
La roja sangre hasta las piedras mancha
de los sagrados templos; no defiende
a ninguno su edad; la vejez cana
ve sus días abreviar, y el triste infante
muere al principio de su vida ingrata.
¿Pero por qué delito el pobre viejo
ha de morir, y el niño, que no dañan?
¡Ah, que sólo vivir en tiempos tales
es grande crimen, sí, bastante causa!