El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I “Esposa mía, hijos míos, no dudaréis que siempre os he amado, y que mis desvelos se han consagrado constantemente a vuestra verdadera felicidad. Ya es tiempo que me aparte de vosotros para no vernos hasta el último día de los siglos. El Autor de la Naturaleza llama a las puertas de mi vida; Él me la dio cuando quiso, y cuando quiere cumple la Naturaleza su término. No soy árbitro de mi existencia; conozco que mi muerte se acerca, y muero muy conforme y resignado en la divina voluntad. Excusad el exceso de vuestro sentimiento.
Bien que sintáis la falta de mi vista como pedazos que habéis sido de mi corazón, deberéis moderar vuestra aflicción, considerando que soy mortal y que tarde o temprano mi espíritu debía desprenderse de la masa corruptible de mi cuerpo.
“Advertid que mi Dueño y el Dueño de mi vida es el que me la quita, porque la Naturaleza es inmutable en cumplir con los preceptos de su autor. Consolaos con esta cierta consideración y decid: el Señor me dio un esposo, el Señor nos dio un padre, él nos lo quita, pues sea bendito el nombre del Señor. Con esta resignación se consolaba el humilde Job en el extremo de sus amarguísimos trabajos.