El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I –Eso es mucho pedir, padre capellán –le dije–. Sobre que me conozco chamboncísimo para esto de versos, ¿cómo quiere usted que haga soneto? Y luego con consonantes forzados.
Sin tantas fuerzas es la composición del soneto el castigo que Apolo envió a los poetas, según dijo Boileau; conque ¿qué será con los requisitos que usted pide? A más de que los acrósticos, laberintos, pies forzados, equívocos, retruécanos y semejantes chismes ya prescribieron, y con mil razones, y sólo han quedado para ejemplares de la barbaridad y jerigonza de los pasados siglo.
–Todo eso está muy bien y es como usted lo dice –me contestó el padrecito–; pero como va usted a escribir esto entre amigos en un camposanto, y no para lucir en ninguna academia,
está usted autorizado para hacer lo que pueda y darnos gusto. Algo hemos de hacer mientras que se acaba de colocar la piedra del sepulcro.
Parecióme impolítico porfiar, y así, contra mi voluntad, tomé carbón y escribí este endemoniado
SONETO
Por más que fuere el hombre delincuente,
por más que esté de la virtud distante,
por más malo que sea y extravagante,
desesperar no debe neciamente.
Si se convierte verdaderamente,