El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Se le rodaban las lágrimas al maestro Andrés, al leer los elogios de su amo, y el padre Pelayo, conociendo cuánto debía de amarlo, por ver lo que producía, le dio el carbón, y por más que el pobre se excusaba de recibirlo, nos rodeamos de él, instándole a que escribiera alguna cosita. Ello nos costó trabajo persuadirlo pero, por fin, hostigado con nuestras súplicas; cogió el tosco pincel y escribió esta
DÉCIMA
Me enseñó a rasurar perros
este mi amo; a sacar muelas
a las malditas agüelas,
y cuatrocientos mil yerros.
Pero no tendrá cencerros
de escrúpulos el mortorio,
porque también es notorio
que me enseñó buenas cosas,
y tendrá palmas gloriosas
al salir del Purgatorio.
Celebramos como era justo la décima del buen Andrés, y seguí yo a escribir mi copla, pero antes de comenzar me dijo el padre clérigo:
–Usted ha de escribir un soneto, pero no libre, sino con consonantes que finalicen en ente, ante, unto y anto.