El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Como tenemos todos un poco de copleros a lo menos, fuimos escribiendo en la humildísima pared los versuchos que nos venían a la imaginación y a la mano. Leída la décima anterior, tomó el carbón su amigo don Jacobo, y escribió esta OCTAVA
A este cadáver, que una losa fría
cubre de polvo, yo debí mi suerte;
encontréme con él un feliz día;
me libró del oprobio y de la muerte.
Dicen que malo fue, no lo sabía;
su virtud sólo supe, y ella advierte
que el que del vicio supo retirarse
es digno de sentirse y de llorarse.
Don Tadeo le quitó el carbón a Jacobo y escribió la siguiente
QUINTILLA
Yace aquí mi buen amigo
que me calumnió imprudente;
fui de su virtud testigo;
él me socorrió clemente,
y hoy su memoria bendigo.