El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I “Esto es decirte, hijo mío, que tienes cuatro caminos que te ofrecen la entrada a las ciencias más oportunas para subsistir en nuestra patria; pues aunque hay otras, no te las aconsejo, porque son estériles en este reino, y cuando te sirvan de ilustración, quizá no te aprovecharán como arbitrio. Tales son la física, la astronomía, la química, la botánica, etc., que son parte de la primera ciencia que te dije.
“Tampoco te persuado que te dediques a otros estudios que se llaman bellas letras, porque son más deleitables al entendimiento que útiles a la bolsa. Supongamos que eres un gran retórico y más elocuente que Demóstenes: ¿De qué te servirá si no puedes lucir tu oratoria en una cátedra o en unos estrados?, que es como decirte, si no eres sacerdote o abogado.
Supón también que te dedicas al estudio de las lenguas, ya vivas, ya muertas, y que sabes con primor el idioma griego, el hebreo, el francés, el inglés, el italiano y otros, esto solo no te proporcionará subsistir.
“Pero con más eficacia te apartara yo de la poesía si la quisieras emprender como arbitrio; porque el trato con las musas es tan encantador como infructuoso. Comúnmente cuando alguno está muy pobre, dicen que está haciendo versos. Parece que estas voces poeta y pobre son sinónimas, o que el tener la habilidad de poetizar es un anatema para perecer.