El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I -Cuando resolviste dedicarte a la Iglesia, ya preveniste la clase de estudios que habías de abrazar, y así no debes detener la respuesta. ¿Qué pues, estudias? ¿Cánones o teología?
Yo muy fruncido, le respondí:
-Señor, la verdad, ninguna de esas dos facultades me gusta, porque yo creo que no las he de poder aprender, porque son muy difíciles; lo que quiero estudiar es moral, pues me dicen que para ser vicario, o cuando más un triste cura, con eso sobra.
Levantóse mi padre al oír esto, algo amohinado, y paseándose en la sala, decía:
-¡Vea usted! Esas opiniones erróneas son las que pervierten a los muchachos. Así pierden el amor a las ciencias, así se extravían y se abandonan, así se empapan en unas ideas las más mezquinas y abrazan la carrera eclesiástica, porque les parece la más fácil de aprender, la más socorrida y la que necesita menos ciencia. De facto, estudian cuatro
definiciones y cuatro casos los más comunes del moral, se encajan a un sínodo y si en él aciertan por casualidad, se hacen presbíteros en un instante y aumentan el número de los idiotas con descrédito de todo el estado –y encarándose a mí, me dijo: