El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Pues oye: un sacerdote es un sabio de la ley, un doctor de la fe, la sal de la tierra y la luz del mundo. Mira ahora si desempeñará estos títulos, o los merecerá siquiera, el que se contenta con saber gramática y medio moral y mira si para obtener dignamente una dignidad que pide tanta ciencia, bastará o salvará con tan poco, y esto suponiendo que se sepa bien.
¿Qué será ordenándose con una gramática mal mascada y un moral mal aprendido? Por otra parte, cuando vemos tantos sacerdotes sabios y virtuosos que ya viejos, enfermos y cansados, con las cabezas trémulas y blancas, en fuerza de la edad y del estudio, aún no
dejan los libros de las manos; aún no comprenden bastante los arcanos de la teología; aún se oscurecen a su penetración muchos lugares de la sagrada Biblia: aún se confiesan siempre discípulos de los santos padres y doctores de la Iglesia, y se conocen indignos del sagrado carácter que los condecora, ¿qué juicio haremos de la alta dignidad del sacerdocio?