El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Ayer decías que Pedro era un pícaro, y hoy ya lo ves hecho un santo; ayer pensabas que había de ser el lunar de su linaje, y hoy ya ves que él será el ilustre de su familia, porque familia que cuenta un deudo fraile, no puede ser de oscuro principio; yo, a lo menos, así lo entiendo, y en esta fe y creencia he de vivir, aunque me digan, como ya me lo han dicho, que esto es una preocupación de las que han echado más raíces en América que en otras partes del mundo; pero yo no lo creo, sino que en teniendo una familia un pariente fraile, ya puedes apostárselas en nobleza con el Preste Juan de las Indias sin haber menester ejecutorias, genealogías, ni estas otras zarandajas de que tanto blasonamos los nobles, porque esas cosas sólo las saben los parientes y amigos de las casas; pero los extraños, que no las ven, no pueden saber si son nobles o no. Lo que no sucede teniendo un deudo fraile; porque todo el mundo lo ve, y nadie puede dudar de que es noble él, sus padres, sus abuelos, sus bisabuelos y sus tatarabuelos; y si el dicho fraile se casara, fueran nobles y muy nobles sus hijos, nietos, bisnietos, tataranietos y choznos; porque un fraile es una ejecutoria andando. Conque, mira si tengo razón de estar contenta, y si tú también debes estarlo con la nueva resolución de Pedrito.