El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Vino mi padre de la calle, y mi madre, llena de júbilo, le impuso de todas mis intenciones, enseñándole al propio tiempo la patente del padre provincial.
-¿Ves, hijo -le decía-, ves cómo no es tan bravo el león como lo pintan? ¿Ves cómo Pedrito no era tan malo como tú decías? Él como muchacho ha sido traviesillo, ¿pero qué muchacho no lo es? Tú querías que fuera un santo desde criatura, querías bien; pero, hijo, es una imprudencia; ¿cómo han de comenzar los niños por donde nosotros acabamos? Es necesario dar tiempo al tiempo. Ya ves qué mutación tan repentina. ¿Cuándo la esperabas?