El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I -Sí, Perico, no harás otra cosa mejor que mudarte de aquí; mírate ahí cómo te has puesto en dos días; flaco, triste, amarillo, que ya con la mortaja encima no falta más sino que te entierren, lo que no tardarán mucho en hacer estos benditos frailes, pues con toda su santidad son bien pesados e imprudentes. Luego luego quisieran que un pobre novicio fuera canonizable; todo le notan, todo le castigan; nada le disimulan ni perdonan; ya se ve, ningún padre maestro se acuerda que fue novicio.
Esto me decía el menos malo de mis amigos, que era Pelayo; que el Juan Largo maldito, ése era peor; blasfemaba de cuantos frailes y religiosos había en el mundo; ¿y en que términos lo haría, pues siendo yo algo peor que Barrabás, me escandalizaba?
Ciertamente que no son para escritas las cosas que me decía de todas, y en especial de aquella venerable religión, que no tenía la culpa de que un pícaro como yo se acogiera a ella sin vocación y sin virtud, sólo para eludir los muy justos designios de su padre; pero por sus consejos inferiréis el fondo de maldad que abrigaba su corazón.