El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Para precaver así la dilapidación de los mayorazgos, como la total ruina de estos pródigos viciosos, meten la mano los gobiernos, y quitándoles la administración y manejo del capital, les señalan tutores que los cuiden y adieten como a unos muchachos o dementes; porque si no, en dos por tres tirarían los bancos de Londres si los hubieran a las manos.
¡Es una vergüenza que a unos hombres regularmente bien nacidos, y sin la desgracia de la demencia, sea menester que las leyes los sujeten a la tutela y los reduzcan al estado de pupilos, como si fueran locos o muchachos! Pero así sucede, y yo he conocido algunos de estos mayorazgos sin cabeza.
Si yo hubiera sido mayorazgo, no me hubiera quedado por corto para tirar todo el caudal en dos semanas, pues era flojo, vicioso y desperdiciado: tres requisitos que con sólo ellos sobra para no quedar caudal a vida por opulento y pingüe que sea.
Atando el hilo de mi historia digo: que ya me cansaba yo de disimular la virtud que no tenía, y deseando romper el nombre y quitarme la máscara de una vez, le dije un día a mi madre:
-Señora, ya no tarda nada el día de San Pedro.
-¿Y qué me quieres decir con eso? -preguntó su merced.
-Lo que quiero decir -le respondí-, es que ese día es de mi santo, y muy propio para quitarnos el luto.