El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I En Grecia, a la hora de expirar un enfermo, sus deudos y amigos que asistían, se cubrían la cabeza en señal de su dolor para no verlo. Le cortaban la extremidad de los cabellos, y le daban la mano en señal de la pena que les causaba su separación.
Después de muerto cercaban el cadáver con velas, lo ponían en la puerta de la calle, y cerca de él ponían un vaso con agua lustral, con la que rociaban a los que asistían a los funerales.
Los que concurrían al entierro y los deudos llevaban luto.
Los funerales duraban nueve días. Siete se conservaba el cadáver en la casa, el octavo se quemaba, y el noveno se enterraban sus cenizas. Con poca diferencia hacían lo mismo los romanos.
Luego que expiraba el enfermo, daban tres o cuatro alaridos para manifestar su sentimiento.
Ponían el cadáver en el suelo, lo lavaban con agua caliente, y lo ungían con aceite.
Después lo vestían y le ponían las insignias del mayor empleo que había tenido.