El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Ellos, a más no poder, y cuando se les cierran los oídos de las jóvenes, no se dan por vencidos ni se entristecen. Como sus adulaciones y diligencias en cualquier seducción no son por amor sino por vicio, no se les da cuidado de los desaires, ni se entibian por no hallar correspondencia. Nada menos. Siguen brincando y saltando muy serenos, contentándose con lo que ellos llaman caldo.
Este caldo... ¡alerta, casados y padres de familia que sabéis lo que es el honor, y lo queréis conservar como es debido!, este caldo es el manoseo que tienen con vuestras hijas y mujeres,[13] las licencias pasan mil veces de las manos a las bocas, convirtiéndose los manoseos claros en ósculos furtivos, que las menos escrupulosas no llevan a mal, y las que se llaman prudentes y honradas disimulan y sufren por evitar pendencias.
De suerte, que el marido o padre pundonoroso que en su casa se espantaría de que su mujer o hija le diese la mano a un hombre, en un baile de éstos tolera a su vista que se las abracen, tienten, estrujen y manoseen más que las ancas de un caballo gordo.