El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Lo peor es que estos manoseos y tentadas, acompañadas de las risas y dichitos que se acostumbran, son para muchas mujeres como el pecado venial para las almas, con la diferencia que el pecado venial entibia y dispone a las almas para el pecado mortal, y los manoseos o caldos de que hablamos encienden y disponen a algunas jóvenes para dar al traste con su honor, el de sus padres y maridos. Ningún escrúpulo está por demás para evitar estos excesos.
La tercera consideración que podían tener los que hacen o dan un baile era que no hubiera en ellos licor espirituoso. En caso de ser preciso por costumbre o cariño obsequiar a los concurrentes, sería menos malo hacerlo con soletas y nieve de leche, limón, tamarindo, etc., de esta clase, que no con merendatas y vino, aguardiente, ponche y otros licores semejantes, que ofuscando el cerebro facilitan el trastorno de la razón y alteran la constitución física de ambos sexos, cuyas resultas, cuando menos, no escapan de ser deseos, pensamientos consentidos y delectaciones amorosas, y en tal y tal persona algo más y más pecaminoso.
Mucho de esto se evitaría con la reglita que os dejo señalada, pues es cierto el dicho antiguo de que sine Cerere et Baccho friget Venus, que equivale a esta coplita: Poco manjar y ninguna
espirituosa bebida;
si la lujuria no apagan,