El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Por el contrario, prodiga Dios las bendiciones de los hijos buenos, amantes y obedientes a sus generadores. Dice que vivirán largo tiempo sobre la Tierra, que la bendición del padre afirma las casas de los hijos, esto es, su felicidad temporal. Que de la honra que tributaren al padre, resultará la gloria del hijo o su buen nombre. Que el Señor se acordará del buen hijo en el día de su tribulación, que atenderá sus oraciones, que les perdonarán sus pecados, y en fin, que les acompañará la bendición de Dios eternamente.
Es tan justo, debido y natural el amor, respeto y gratitud que los hijos deben a los padres, que los mismos paganos, que no conocieron al verdadero Dios, ni se impusieron en sus bendiciones y amenazas, nos lo dejaron recomendado no sólo con sus plumas sino con sus obras.
¡Qué amor el de aquella joven romana que, estando su padre preso y sentenciado a morir de hambre, se dio arbitrio para alimentarlo por una rendija de la puerta de la cárcel! Y ¿con qué? Con la leche de sus pechos. Acción tan tierna, que, sabida por los jueces, le granjeó el indulto al infeliz anciano.
¡Qué respeto el de aquellos dos nobles hijos, Cleoves y Vitón, que faltando los caballos, ellos tiraron la carroza y condujeron hasta las puertas del templo a su madre la sacerdotisa!