El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I ellos como de unos misántropos abominables, los juzgo soberbios, descontentos, murmuradores, insociables y dignos de acompañar a los osos y a los tigres. Al contrario, ya dije, estoy en mis glorias con un hombre atento, afable, instruido y alegre. La compañía de uno de ellos me deleita, me engolosina, me amarra, y seré capaz de estarme con él los días y las semanas; pues, pero ha de ser de este estambre, porque en siendo un necio, hablador, arrogante y faceto, ¿quién lo ha de sufrir? Estos genios no son festivos sino juglares; su carácter es ruin y sus costumbres groseras. Cuando platican, golpean; cuando quieren divertir, fastidian con sus frialdades; porque hombres sin talento ni educación no pueden parir buenos, alegres ni razonados conceptos; antes las chanzas de éstos ofenden las honras y las personas, y sus agudezas punzan la fama o el corazón del prójimo. Esto digo, amigos, deseando que eviten ese genio chocarrero a todas horas. Todos tienen su tiempo. Las matracas de Semana Santa parecerán mal a los muchachos en la Pascua de Navidad, y la lama de Nochebuena no la pondrán en sus monumentitos. Así me lo ha hecho creer la experiencia y algunos desaires que les he visto correr a muchos facetos.
A poco rato de decir esto, el padre Pelayo mudó de conversación con disimulo; pero mi compañero, que lo había entendido y estaba como agua para chocolate, no aguantó mucho.