El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I -Lo que los tahúres llaman reglas no es sino un accidente continuado (en barajando bien), porque que venga el cuatro contra la sota, es un accidente; que venga después el siete contra el rey, es otro accidente; que venga el cinco contra el caballo, es otro; y así, aunque se hagan diez o veinte contrajudías, no son más que diez o veinte accidentes, o un accidente continuado. No hay mejor regla ni más segura que los zapotes, deslomadas, rastrillazos y otras diligencias de las que yo hago, y aun éstas tienen su excepción, que es cuando se la advierten a uno y le ganan con su juego; por eso dice uno de nuestros refranes: que contra vigiata no hay regla. Lo demás de judía, contrajudía, pares y nones, lugar, y todas ésas que llaman reglas, son entusiasmos, preocupaciones y vulgaridades, en que vemos que incurren todos los días hombres, por otra parte nada vulgares, pero parece que en el juego nadie es dueño de su juicio. Ten, pues, entendido que más que dos reglas: la suerte y la droga.
Aquélla es más lícita; pero ésta es más segura.
En esto llegamos al juego, y Januario se sentó como siempre, pero no jugó más que un peso, porque iba con intención de poner el monte, pues, según él decía, así llevaba nuestro dinero más defensa, porque de enero a enero, el dinero es del montero.