El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Entonces me sirvió de perjuicio, y ahora me sirve de haceros advertir todos sus funestos resultados para apartaros de ella.
No os quisiera jugadores, hijos míos, pero en caso de que juguéis alguna vez, sea poco, sea lo vuestro, sea sin droga; pues menos malo será que os tengan por tontos, que no que paséis plaza de ladrones, que no son otra cosa los fulleros.
Muchos dicen, que juegan por socorrer su necesidad. Este es un error. De mil que van al juego con el mismo objeto, los novecientos noventa y nueve vuelven a su casa con la misma necesidad, o acaso peores, pues dejan lo poco que llevan, acaso se comprometen con nuevas drogas, y sus familias perecen más aprisa.
Habréis oído decir, o lo oiréis cuando seáis grandes, que muchos se sostienen del juego.
Yo apenas puedo creer que éstos sean otros que los que juegan con la larga, como dicen, esto es, los tramposos y ladrones, que merecían los presidios y las horcas mejor que los pillos Maderas y Paredes,[44] porque de un ladrón conocido por tal, pueden los hombres precaverse, pero de éstos no.