El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Yo aseguro que si el payo me hubiera matado, se hubiera visto en trapos pardos, pues la ley lo habría acusado de alevoso, como que pensó y premeditó el hecho, y me puso verde a palos sin defensa, cuya venganza, por su crueldad y circunstancias, fue una vileza abominable; pero no se quedó atrás la mía de haberle entregado a otros su dinero en cuatro albures.
Alevosía y traición indigna fue la suya, y la mía fue traición y vileza endiablada; mas con esta diferencia: que él cometió la suya irritado y provocado por la mía, y la que yo hice, no sólo fue sin agravio, sino después de ofrecida por él una buena gala.
De modo que, vista sin pasión, la vileza que yo cometí fue peor y más vergonzosa que la de él; y así si me matara en aquel día, muerto me habría quedado y con razón, porque si no debemos dañar ni defraudar a nadie, mucho menos a aquel que hace confianza de nosotros.
Casi de esta misma manera discurría yo conmigo dos horas después que volví en mí, y me hallé en una cama del hospital de San Jácome, adonde me condujeron de orden de la justicia.