El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Asombrado me quedé yo con la determinación de Januario, no pudiendo persuadirme que fuera capaz de prostituirse hasta el extremo de declararse ladrón; y así, lejos de determinarme a acompañarlo, le procuré disuadir de su intento, ponderándole lo injusto del hecho, los peligros a que se exponía, y el vergonzoso paradero que le esperaba si por una desgracia lo pillaban.
Me oyó Januario con mucha atención y cuando hice punto, me dijo:
“No pensaba que eras tan hipócrita ni tan necio que te atrevieras a fingir virtud y a darle consejos a tu maestro. Mira, mulo; ya yo sé que es injusto el robo y que tiene riesgos el oficio; pero dime: ¿qué cosa no los tiene? Si un hombre gira por el comercio, puede perderse; si por la labor del campo, un mal temporal puede desgraciar la más sazonada cosecha; si estudia, puede ser un tonito o no tener crédito; si aprende un oficio mecánico, puede echar a perder las obras; pueden hacerle drogas o salir un chambón; si gira por oficinista, puede no hallar protección, y no lograr un ascenso en toda su vida; si emprende ser militar, pueden matarlo en la primera campaña, y así todos.