El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I -Mira, es menester que cuando uno está como nosotros se arroje y se determine a todo; porque peor es morirse de hambre. Sábete, pues, que cerca de aquí vive una viuda rica, sin otra compañía que una criada no de malos bigotes, a la que yo he echado mis polvos, aun nada he logrado. Esta viuda ha de ser la que esta noche nos socorra, aunque no quiera.
-¿Y cómo? -le pregunté.
A lo que Januario me dijo:
-Aquí en la pandilla hay un compañero que le dicen Culás el Pipilo, que es un mulatito muy vivo, de bastante espíritu y grande amigo mío. Éste me ha proporcionado el que esta
misma noche, entre diez y once, vayamos a la casa, sorprendamos a las dos mujeres nos habilitemos de reales y de alhajas, que de uno y otro tiene mucho la viuda. Todo está listo; ya estamos convenidos, y tenemos una ganzúa que hace a la puerta perfectamente. Sólo nos falta un compañero que se quede en el zaguán mientras que nosotros avanzamos.
Ninguno mejor que tú para el efecto. Conque aliéntate, que por una chispa de capote que te perdí, te voy a facilitar una porción considerable de dinero.