El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Cáteme usted de la noche a la mañana sin blanca, y perdido en una hora todo lo que había adquirido en dieciocho años de trabajo.
Poco faltó para desesperarme, y más cuando murió la pobre de mi tía, que no pudo resistir este golpe; pero, en fin, procuré hacer, como dicen, de tripas corazón, y vendiendo lo poco que me quedó, y cobrando algunos picos que me debían, me junté con cerca de dos mil pesos, y con ellos comencé de nuevo a trabajar; pero ya con tan poco puntero, lo más que hacía era mantenerme.
En este tiempo (¡locuras de los hombres!), en este tiempo se me antojó casarme, y de hecho lo verifiqué con una niña de la Villa de Jalapa, quien a una cara peregrina reunía una bella índole y un corazón sencillo; en fin, era una de aquellas muchachas que ustedes los mexicanos llaman payas.
Las muchas prendas que poseía y el conocimiento que yo tenía de ellas me la hacían cada día más amable, y, por tanto, le procuraba dar gusto en cuanto ella quería.
Entre lo que quiso, fue venir a México para ver lo que le habían contado de esta ciudad, adonde jamás había venido. No necesitó más que insinuármelo para que yo dispusiera el traerla... ¡Ojalá y nunca lo hubiera pensado!