El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Ha de estar usted para saber, señor lector, y saber para contar, que estando yo la otra noche solo en casa, con la pluma en la mano anotando los cuadernos de esta obrilla, entró un amigo mío de los pocos que merecen este nombre, llamado Conocimiento, sujeto de abonada edad y profunda experiencia, a cuya vista me levanté de mi asiento para hacerle los cumplimientos de urbanidad que son corrientes.
El me correspondió, y sentándose a mi derecha, me dijo:
–Continúe usted en su ocupación, si es que urge, que yo no más venía a hacerle una visita de cariño.
-No urge, señor –le dije-, y aunque urgiera, la interrumpiría de buena gana por dar lugar a la grata conversación de usted, ya que no tengo el honor de que me visite de cuando en cuando; y aun esta vez lo aprecio demasiado por aprovechar la ocasión de suplicarle me
informe qué se dice por ahí de Periquillo Sarniento, pues usted visita a muchos sabios, y aun a los más rudos suele honrarlos algunas veces como a mí.
-¿Usted me habla de esa obrita reciente, cuyo primer tomo ha dado usted a luz?
-Sí, señor –le respondí-, y me interesa saber qué juicio forma de ella el público para continuar mis tareas, si lo forma bueno, o para abandonarlo en el caso contrario.