El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Luego que amaneció se levantaron los presos de mi calabozo, y yo el último de todos, aunque con bastante hambre, como que no había cenado en la noche anterior. Mi primera diligencia fue ir a sacar una tablilla de chocolate para desayunarme; pero ¡cuál fue mi sorpresa, cuando buscando en mi bolsa la llave de la cajita, no la hallé en ella, ni debajo de la almohada, ni en parte alguna, y hostigado de mi apetencia, rompí la expresada caja y la encontré limpia de todo el ajuar de don Antonio, al que yo miraba con demasiado cariño!
Confieso que estuve a pique de partirme la cabeza contra la pared, de rabia y desesperación, considerando la realidad del suceso, esto es, que los mismos compañeros, luego que me vieron borracho, me sacaron la llavecita de la bolsa y despabilaron cuanto la infeliz depositaba.
Yo acertaba en el juicio, pero no podía atinar con el ladrón ni recabar el robo, y esto me llenaba de más cólera; por manera que no me detenía en advertir los funestos resultados que trae consigo la embriaguez, pues adormeciendo las potencias y embargados los sentidos, constituye al ebrio en una clase de insensibilidad, que lo hace casi semejante a un leño, y en este miserable estado no sólo está propenso a que lo roben, sino a que lo insulten y aun lo asesinen, como se ha visto por repetidos ejemplares.