El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I En efecto, llegó el viejecito con una canasta bien habilitada de manitas en adobo, cecina en tlemole, pan, tortillas, frijoles y otras viandas semejantes. Llamó el Aguilón a sus camaradas, y nos pusimos todos en rueda a almorzar en buena paz y compañía; pero en medio de nuestro gusto nos acordábamos del pulquillo, y su falta nos entristecía demasiado; mas, al fin, se suplió con aguardiente de caña, y fueron tan repetidos los brindis que yo, como poco o nada acostumbrado a beber, me trastorné de modo que no supe lo que sucedió después, ni cómo me levanté de allí. Lo cierto es que a la noche, cuando volví en mí, me hallé en mi cama, no muy limpio y con un fuerte dolor de cabeza; y de esta manera me desnudé y procuré volver a dormir, lo que no me costó poco trabajo.
EN EL QUE PERIQUILLO DA RAZÓN DEL ROBO QUE LE HICIERON EN LA
CÁRCEL; DE LA DESPEDIDA DE DON ANTONIO; DE LOS TRABAJOS QUE PASÓ,
Y DE OTRAS COSAS QUE TAL VEZ NO DESAGRADARÁN A LOS LECTORES