El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I En toda la noche no pude dormir, así con el sobresalto de los temidos azotes, como con echar cálculos para ver de dónde sacaba aquel real tan necesario. En estos tristes pensamientos me halló el día. Púseme a hacer un escrutinio riguroso de mi haber, y a examinar mi ropa pieza por pieza, a ver si tenía alguna que valiera real y medio; pero ¡qué había de valer!, si mi camisa era menester llamarla por números para acomodármela en el cuerpo; mis calzones apenas se podían detener de las pretinas; las medias no estaban útiles ni para tapar un caño; los zapatos parecían dos conchas de tortuga; sólo se detenían en mis pies por el respeto de un par de lacitos de cohetero; rosario no lo conocía y el triste retazo de capote: me hacia más falta que todo mi ajuar entero y verdadero.
Ya desesperaba de presentar el escrito esa mañana, porque no tenía cosa que valiera un real, cuando por fortuna alcé la cara y vi colgado en un clavito mi sombrero, y considerándolo pieza inútil en aquella mazmorra y la mejor que me acompañaba, exclamé lleno de gusto:
“¡Gracias a Dios que a lo menos tengo sombrero que me valga en esta vez!” Diciendo esto lo descolgué, y al primero que se me presentó se lo vendí en una peseta, con la que salí de mi cuidado y me desayuné de pilón.