El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Cada muchacho haría en su casa lo que yo en la mía, que fue contar al pie de la letra todo el pasaje, y la resolución de mi maestro de no volver a abrir la escuela.
Con esta noticia tuvo mi padre que solicitarme nuevo maestro, y lo halló al cabo de cinco días. Llevóme a su escuela y entregóme bajo su terrible férula.
¡Qué instable es la fortuna en esta vida! Apenas nos muestra un día su rostro favorable para mirarnos con ceño muchos meses. ¡Válgame Dios, y cómo conocí esta verdad en la mudanza de mi escuela! En un instante me vi pasar de un paraíso a un infierno, y del poder de un ángel al de un diablo atormentador. El mundo se me volvió de arriba abajo.
Este mi nuevo maestro era alto, seco, entrecano, bastante bilioso e hipocondríaco, hombre de bien a toda prueba, arrogante lector, famoso pendolista, aritmético diestro y muy regular estudiante; pero todas estas prendas las deslucía su genio tétrico y duro.
Era demasiado eficaz y escrupuloso. Tenía muy pocos discípulos, y a cada uno consideraba como el único objeto de su instituto. ¡Bello pensamiento si lo hubiera sabido dirigir con prudencia! Pero unos pecan por uno y otros por otro extremo donde falta aquella virtud.