El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Todo era desvergüenzas, gritos, porrazos y desorden. No había una de las contendientes que no estuviera sangrada según el método del Aguilucho, y a más de esto, desgreñada y toda hecha pedazos, sin quedarme yo limpio en la función. El campo de batalla, o la cocina, estaba sembrado de despojos. Por un rincón se veía una olla hecha pedazos, por otro la tinaja del agua, por aquí una sartén, por allí un manojo de cebollas, por esotro lado la mano del metate, y por todas partes las reliquias de nuestra ropa. El perrillo alternaba sus ladridos con nuestros gritos, y el gato, todo espeluzado, no se atrevía a bajar del brasero.
En medio de esta función llegó Chanfaina, vestido en su propio traje, y viendo que su Luisa estaba desangrada, hecha pedazos, bañada en sangre y envuelta entre la cocinera y su sobrina, no esperó razones, sino que haciéndose de un garrote, dio sobre las dos últimas,
pero con tal gana y coraje, que a pocos trancazos cesó el pleito, dejando a la infeliz recamarera, que ciertamente era la que había recibido la peor parte.