El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I A este tiempo entró nana Clara, y mirando a su sobrina bañada en sangre, no se metió en averiguaciones, sino que tirando el canasto de verdura, arremetió contra la pobre de Luisa, que no estaba muy sana, diciéndole:
-Eso no, grandísima cochina, lambe platos, piojo resucitado, a mi sobrina no, tal. Agora verás quién es cada cual.
Y en medio de estas jaculatorias le menudeaba muy fuertes palos con una cuchara.
Yo no pude sufrir que con tal ventaja estropearan dos a mi pobre Luisa, y así, viendo que no valían mis ruegos para que la dejaran, apelé a la fuerza, y di sobre la vieja a pescozones.
Una zambra era aquella cocina, ni pienso que sería más terrible la batalla de César en Farsalia. Como no estábamos quietos en un punto, sino que cayendo y levantando andábamos por todas partes y la cocina era estrecha, en un instante se quebraron las ollas, se derramó la comida, se apagó la lumbre y la ceniza nos emblanqueció las cabezas y ensució las caras.