El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I -Yo no sé qué haré –le dije-, porque no tengo más que un real y con tan poco no se ha de hallar; pero mientras que usted me hace favor de ver a ese señor boticario, ya vuelvo.
Dicho esto me fui, me desayuné, y en un zaguán me quité la chupa y la ferié en el baratillo por el primer sombrero que me dieron, quedándome el escrúpulo de haber engañado a su dueño. Es verdad que el dicho sombrero no pasaba de un chilaquil aderezado; y donde a mí me pareció que había salido ventajoso ¿qué tal estaría la chupa? Ello es que al tiempo del trueque me acordé de aquel versito viejo de
“Casó Montalvo en Segovia
siendo cojo, tuerto y calvo,
y engañaron a Montalvo:
¿Qué tal sería la novia?”
Contentísimo con mi sombrero y de verme disfrazado con mis propios tiliches, convertido de hijo de don Pedro Sarmiento en mozo alquilón, partí a buscar al coime mi protector, quien me dijo que todo estaba listo; pero que aquella camisa parecía sudadero, que fuera a lavarla a la acequia y a las doce me llevaría al acomodo, porque la pobreza era una cosa y la porquería otra; que aquélla provocaba a lástima y ésta a desprecio y asco de la persona; y por fin, que me acordara del refrán que dice: como te veo te juzgo.